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domingo, 9 de noviembre de 2014

CARLOS MONSIVÁIS EN LA LITERATURA MEXICANA

      
Por: José Alejandro Vanegas Mejía            jose.vanegasmejia@yahoo.es   





No hay dudas de que en México la Revolución de 1910 constituye un hito al cual hay que recurrir para comprender muchos de los cambios que ese país ha experimentado durante un siglo. La cultura, y en general la vida mexicana, gira en forma diferente a partir del triunfo revolucionario logrado en 1916. Se señalan entre estas fechas la reapertura de la Universidad Nacional, que había sido clausurada por el emperador Maximiliano. Ocurrió también el final del Modernismo, cuando el poeta mexicano González Martínez decidió “torcerle el cuello al cisne”, expresión simbólica que representaba el final de ese movimiento literario. 



En literatura, por ese tiempo, si es cierto que se derrumbaba el Modernismo introducido por el nicaragüense Rubén Darío --quien había muerto en 1916--, aparecían los Contemporáneos y los Estridentistas, que trataron de combatir por diversos medios el mensaje revolucionario con el Vanguardismo y la experimentación formal. Pero en las décadas de los años 20 y 30 los llamados “Poetas de la soledad”, José Gorostiza y Xavier Villaurrutia, entre otros, encarnaron el ideal revolucionario. En prosa “Los de abajo”, del modernista Mariano Azuela, dejaría como recuerdo las matanzas de la guerra. Mucho más tarde la narrativa de Juan Rulfo --“El llano en llamas”-- mostraría una huella de la soledad que los conflictos de la Revolución produjeron en los desencantados habitantes de los desérticos  campos mexicanos.

A mediados del siglo XX México todavía seguía siendo un país en busca de una definición. Ese es el tema predominante en los ensayos de Octavio Paz. Sin embargo, la literatura encuentra su cauce en autores jóvenes que indagan en el pasado de su nación pero escriben con la mira puesta en nuevas técnicas narrativas. Aparece entonces, a los 26 años de edad, Carlos Fuentes  con “Los días enmascarados” (1954), a los que siguió su novela “La región más transparente” (1958). Fuentes se había sumergido en las corrientes de la novela experimental de Joyce y Faulkner, de donde obtuvo la técnica que le permitió representar los procesos mentales de sus personajes. Otra obra de Fuentes es “Las buenas conciencias” (1959). En “La muerte de Artemio Cruz” (1962) el autor utiliza el fluir de la conciencia y juega con los pronombres personales para situarse alternativamente en el papel del moribundo Artemio, de su conciencia o del propio narrador.



CARLOS MONSIVÁIS
Pero la literatura no podía quedarse en Fuentes, fallecido en 2012. Carlos Monsiváis, ensayista, poeta y periodista también hace parte de los brillantes exponentes de la literatura. Nacido el 4 de mayo de 1938 en Ciudad de México, Monsiváis aportó a la literatura mexicana más de cincuenta obras y miles de artículos periodísticos publicados en revistas culturales y medios de comunicación en los cuales laboraba. Mezcló con maestría la investigación sicológica de su país con trabajos literarios de importancia sobre el cine, la televisión y el bolero. El ensayista Adolfo Castañón lo llamó ‘El hombre ciudad’. Entre sus obras están: ‘Pedro Infante: las leyes del querer’; ‘Frida Kahlo’; ‘Recetario del cine mexicano’; ‘Aires de familia: cultura y sociedad en América Latina’; ‘Los mil y un velorios de la crónica roja’; ‘El bolero, clave del corazón’. A lo largo de su carrera periodística y literaria Monsiváis recibió importantes premios, entre ellos ‘Premio Nacional de Periodismo’, años 1995 y 1997. ‘Premio Claus para la Cultura y el Desarrollo’, del gobierno de Holanda en 1998. ‘Premio Anagrama de ensayo’, año 2000. ‘Premio Nacional de Ciencias y Artes’, 2005. ‘Premio Iberoamericano Ramón López Laverde’, 2006. Carlos Monsiváis falleció en México el 19 de junio de 2010.

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