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domingo, 9 de noviembre de 2014

LA INTERJECCIÓN Y SU CLASIFICACIÓN

 

En la gramática moderna, la interjección no se clasifica como una categoría gramatical tal como ocurría anteriormente. Hoy, la interjección se considera como una palabra o partícula de carácter invariable, como un elemento rudimentario que unas veces se constituye en lenguaje, por ejemplo:  ¡Hola!, ¡Viva!, ¡Bravo!, y otras veces, es un amorfo expresivo que se forma a partir de sonidos bilabiales sordos o sonidos fricativos con grafías especiales. Ejemplos de estos últimos casos son: ¡Psss!, ¡Ssss!, ¡Chitss!, ¡Shss!, ¡Chssssit!, ¡Berrr!, ¡Arrrr!. En otros casos, aparecen como formas lexicalizadas y expresivas: ¡Hum!. La interjecciones amorfas solo se pueden considerar lenguaje en sentido amplio.

Según los gramáticos modernos, la interjección opera al margen de la oración como un impulso locutivo, como símbolo palpable de la expresividad afectiva. Con base en las consideraciones anteriores, la interjección se puede definir como: la palabra o signo, a veces sin estructura definida y sin valor gramatical ni semántico expreso, que desempeña funciones linguísticas elementales y emotivas. Las interjecciones responden a muy diferentes estados de ánimo y es muy variada su gama afectiva, ya que pueden expresar alegría, deseo, dolor, admiración, temor, miedo, sorpresa, ira,  aprobación, cortesía, incredulidad, burla, resignación, tristeza, amenaza, etc.

CLASIFICACIÓN DE LAS INTERJECCIONES:

1. Interjecciones apelativas: son aquellas que sirven para llamar la atención: ¡Eh!, ¡Chist!, ¡Ps!, ¡psché!, ¡Pshs!

2. Interjecciones expresivas: Referidas siempre a situaciones emotivas como: ¡Oh!, ¡Ay!, ¡Ojalá!, ¡Huy!, ¡Bah!,  ¡Menos mal!, ¡Hola!, ¡Caramba!, ¡Que va!, ¡Caray!

3. Interjecciones representativas: Son aquellas que tienen un contenido; en algunos casos se convierten en onomatopeyas: ¡sus!, ¡plaf!, ¡puf!, ¡prrumm!, ¡cataplum!

4. Interjecciones según la norma: Los gramáticos las clasificaron en propias e impropias. Las primeras solo se emplean como interjecciones, por ejemplo: ¡Ah!, ¡Ay!, ¡puf!, ¡Uf!, ¡Tate!. Las impropias, son adaptaciones de otras formas o palabras: ¡Cuidado!, ¡Dios mío!, ¡dale!, ¡Diablos!, ¡ya, ya!

5. Interjecciones improvisadas: Se construyen con palabras y frases existentes: ¡Ahí va!, ¡Qué barbaridad!, ¡Qué locura el Barcelona!, ¡Mi madre!, ¡Qué alegría!
 

BIBLIOGRAFÍA:
 
ALONSO, Martín. Gramática del español contemporáneo. Ediciones Guadarrama S. A., Madrid, 1968.

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